martes, 28 de abril de 2009

A 5 años: Mi discurso de graduación

A cinco años de graduarme del colegio, y a punto de graduarme de la Universidad, recuerdo el Discurso de graduación que escribí para mis amigas ese Julio de 2004.

Discurso de Graduación
Promoción XLI
2003- 2004

El horóscopo chino se rige por la agrupación de sus signos dependiendo del año de nacimiento de las personas. Parece absurdo pensar que la gente del mismo año tiene algo en común, sí parece absurdo, pero después de llorar un poquito escribiendo esto, porque me van a hacer mucha falta, me di cuenta que la tradición Oriental no está tan errada. Fue una fuerza distinta, parecía casualidad, pero nunca pensé que por tener la misma edad, nos íbamos a querer tanto.

Para ser sincera, no recuerdo muy bien ese día, pero seguramente lloré, porque llegué a un lugar que no conocía, donde había unas cincuenta niñitas vestidas todas igualitas y seguramente no entendí tal casualidad. Nunca había estado en un lugar así. (Ustedes saben que yo no fui al kinder).

Nos metieron en un salón y nos dijeron que éramos Maternal, cosa que probablemente no oíste por culpa de tu llanto o el de la niñita que tenías al lado. Pensé que sería cosa de un día, pero la bienvenida que nos dieron las señoras que decían llamarse Misses, fue tan emotiva y significante que supe que mi estadía en este lugar no sería tan corta. Ese día jugamos poco, no conocíamos a nadie. Nos vimos unas a otras, con los ojos llenos de lágrimas porque no queríamos estar ahí, los mismo ojos que llorarían un mar de agua salada 15 años después, porque ése día cuando todo empezó, cambiaría nuestras vidas para siempre.

Y ¿Cómo no las iba a cambiar si vivimos tantas cosas juntas? Perdimos y ganamos juntas, cantamos y fuimos a paseos, coleccionamos barajitas y cambiamos calcomanías, brillantes y hasta peluditas, peleamos y nos perdonamos obligadas, nos cambiamos la merienda un día, Pedimos cintas con la bruja de los colores, vimos mundiales juntas, hicimos mil tremenduras y aprendimos de los regaños, nos pusimos narices de pinocho y nos hicimos prendas con el aluminio de los sanduchitos, Jugamos ladrón y policía, y sin ánimos de atribuir al verdadero concepto, siempre fue mejor ser ladrón. Nos contamos chistes y muchos secretos, jugamos jackies y marchamos. Bailamos gaitas, hicimos música y ganamos trofeos. Fuimos creciendo y cambiamos los juegos por las interminables conversaciones que nos culturizaron más que cualquier clase. Algunas entramos al espectacular mundo Humanista, y otras no pudieron evadir su vocación Científica.

En Humanidades descubrimos, que no hay que ser tan reconocido como Sócrates para hacer cosas grandes y que bastan ganas y mucha perseverancia para crear nuestros propios ideales perfectos como los de Platón.

Juntas recorrimos la historia de la Humanidad y supimos que los grandes héroes lo entregaron todo por sus sueños y que los mejores gobiernos se volcaron por completo a sus pueblos. En el mundo de las letras, leímos y conocimos nuestra patria centímetro a centímetro, y nos enseñaron que era del latín de donde venían todas las palabras de aquellas interminables conversaciones.

Ahorita, entre tantas cosas, lo único que siento es nostalgia, porque se acabó algo que no pudo ser mejor, una nostalgia que me hace llorar, no por tristeza, pero tampoco por alegría. La nostalgia que me recuerda que viví algo tan maravilloso que, irónicamente, no se volverá a repetir.

A mi colegio le digo adiós, a estos espacios que nos techaron durante 15 años, a las cantinas que nos alimentaron, la calle que cruzamos, las tarimas que temimos, los casilleros que ordenamos… Pero a ustedes no me atrevo, de las niñitas no me puedo despedir de un día para otro después de 15 años juntas, no hay abrazo que clausure esta experiencia.

No bastó compartir recreos, sonrisas, almuerzos, exámenes, abrazos y tantas cosas que todavía no he perdido y ya siento que añoro. Juntas crecimos de la mano y construimos una historia, sin pensar en su final.


Más que mi deber, ejerzo mi derecho de dar las gracias a todo el que en algún momento nos acompañó en este largo viaje. Por supuesto a Dios, porque fue él quien juntó nuestros caminos y nos regaló un día diferente para cada una de las cosas que teníamos que vivir aquí, porque no escatimó con nuestras bendiciones y sin saber que la íbamos a aprovechar al máximo, nos regaló esta maravillosa experiencia.

A nuestros padres, que son seres humanos de juventud prolongada, porque ni las marcas en la cara, ni las tantas veces que han soplado velitas, les ha restado la fuerza joven para darnos una educación de hogar indescriptible. Porque son tan valientes que decidieron dar y formar vidas, sin saber cómo se hacía, ya pasaron la parte más difícil. Cuando teníamos 14 años, creíamos que ustedes eran tan ignorantes que no los soportábamos, hoy en día nos asombra lo mucho que aprendieron en 4 años, hasta nos dimos cuenta que quienes aprendimos fuimos nosotros, no supimos que ya ustedes sabían. Gracias también por haber tomado la sabia decisión de hacer su mayor inversión en este colegio.

A Las Sisters, nuestros profesores y todo el personal del colegio, Gracias porque con dedicación y paciencia, nos enseñaron que “El que no vive para servir, no sirve para vivir” y que dando siempre a los demás encontraríamos la felicidad que todos buscamos. Nos enseñaron a dejar de ser seres para convertirnos en humanos. Nos enseñaron a sumar y a multiplicar, y a pesar que debían enseñarnos la división y la resta, supimos que no sería lo más conveniente a la hora de administrar nuestras vidas.

Y por aquello de dejar lo mejor para el final, Gracias a ustedes: Mis Amigas del Alma, GRACIAS, por hacer de mis días los más felices y por hacer que empezara a creer en el Horóscopo Chino, nuestro encuentro no pudo haber sido una casualidad. No encuentro las palabras para decirles adiós, hay tanto por decir, pero ¿Cómo les dejo mi mayor enseñanza si fueron ustedes la esencia de lo que aquí aprendí?

Bueno, manténganse siempre jóvenes de espíritu, ríanse hasta que les duela la barriga, duérmanse un día con el sonido del mar y cuídense del sol en la playa. Recuerden siempre, que para lo único que sirve el dinero, es para no necesitarlo. Sigan caminando y Vuelvan Mañana. Si van a ver a alguien hacia abajo que sea para ayudarlo a levantarse. Y si un día se olvidan de ser niños, hagan avioncitos de papel. Píntense la cara de vinotinto en algún mundial, aunque ya no estemos juntas lo vamos a disfrutar mucho. Recen por las noches, y si no es suficiente, cuenten ovejitas hasta que se duerman. Tomen muchas fotos, salen más bonitas de lo que pensaban. Lloren de tristeza y salgan al jardín un día de lluvia sin paraguas. Lean el periódico, es la mejor prueba de que todos los días se aprende algo nuevo. Nunca pierdan la capacidad de asombro, y amen sus vidas, porque se pasa más rápido de lo que creemos. Sean valientes y hagan sin testigos lo que harían frente al mundo entero. Planten un árbol y manténganse como él, con los pies en la tierra, pero siempre creciendo hacia arriba.

Juntas nos tocó vivir algo histórico en nuestra Patria. Quieran mucho a su país, Venezuela es hoy un desafío para ustedes, Vamos a recuperar la dignidad Nacional, Venezuela hoy será nuestro primer compromiso, nuestra única patria, nuestro último destino.

Todo esto que les digo, es poco para lo que aprendimos aquí, día a día, poquito a poquito, pero ahora si llegamos al final, mañana que amanezca no será igual, espero que hayan pasado los mejores años de su vida, definitivamente, valieron la pena. Espero muy especialmente que Dios las siga bendiciendo con regalos como esta inolvidable experiencia, porque para mí se los merecen.

Escribiendo estas palabras, me di cuenta de lo que verdaderamente aprendí aquí. Aprendí a amar el viaje, y no el destino, y aprendí, que lo que uno más quiere es lo que no podemos tocar, las cosas materiales no tienen tanto valor como creíamos, y es que de lo que más me cuesta desprenderme no es del colegio, sino de los recuerdos del viaje con ustedes, que después de tanto buscarlos en mi cabeza, descubrí que, con cada una de ustedes, se habían quedado grabados en mi Corazón.

Muchas Gracias,

Maria Alesia Sosa Calcaño